Informe de la Junta Directiva al Congreso de la República - marzo de 2026

Tenga en cuenta

En cumplimiento con lo estipulado en el artículo 5 de la Ley 31 de 1992, la Junta Directiva del Banco de la República presenta a consideración del Honorable Congreso de la República, un informe al Congreso de la República en el cual da cuenta del comportamiento de la economía y de sus perspectivas. Este informe se presenta dos veces al año, en los meses de marzo y julio, dentro de los diez días hábiles siguientes a la fecha de inicio de las sesiones del Congreso.

Fecha de publicación

Introducción

El desempeño macroeconómico de 2025 muestra resultados mixtos, con ciertos avances y desequilibrios subyacentes que plantean importantes retos de política económica a corto y a mediano plazo. Según lo reportó el Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas (DANE), el producto interno bruto (PIB) de Colombia creció un 2,6 % en 2025, por encima del promedio de América Latina (2,4 %) y de países como Brasil (2,3 %); México (0,6 %); Estados Unidos (2,1 %) y la zona del euro (1,5 %). Con ello, la economía colombiana alcanzó una recuperación moderada, luego de los bajos crecimientos de años anteriores. No obstante, este resultado estuvo por debajo de los pronósticos tanto de los analistas (2,8 %) como del equipo técnico del Banco de la República (2,9 %). La sorpresa bajista frente a lo esperado se originó, en gran parte, por el bajo crecimiento del cuarto trimestre (2,2 % vs. 3,0 % esperado), debido, principalmente, a la contracción de la formación bruta de capital (-7,0 %) y a la desaceleración del consumo de los hogares. El único rubro del gasto que mantuvo un elevado dinamismo fue el consumo del Gobierno, el cual creció un 6,4 %, pero sin alcanzar a compensar el debilitamiento de los demás componentes de la demanda. Esto se reflejó en una expansión de la demanda interna del 2,4 % en el último trimestre de 2025, sustancialmente por debajo de su crecimiento promedio del 4,4 % en los tres trimestres anteriores. Desde el punto de vista de las ramas de actividad, la pérdida de dinamismo del cuarto trimestre se manifestó en la contracción de sectores productivos que venían creciendo a buen ritmo hasta septiembre, como ocurrió con el sector agropecuario, e información y comunicaciones, mientras que otros sectores, como la industria manufacturera, el comercio, y las actividades financieras, se desaceleraron.

Al examinar en su conjunto las cifras de crecimiento del PIB para 2025, se aprecian situaciones estructurales que preocupan, como los malos resultados de la construcción (-2,8 %), y de la explotación de minas y canteras (-6,2 %), que repitieron su pobre desempeño de 2024. En cuanto a la composición de la demanda, se observó un sesgo hacia el consumo total, el cual creció un 4,2 %, mientras que la inversión se mantuvo rezagada, en especial la formación bruta de capital fijo (inversión fija), que solo creció un 1,3 %. El consumo de los hogares se expandió un 3,6 % y estuvo jalonado, principalmente, por bienes durables, que suelen tener un alto componente importado. Esto contribuyó a que las importaciones crecieran muy por encima de las exportaciones, lo que se reflejó en una demanda externa neta negativa que le restó impulso al crecimiento del PIB y presionó al alza el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos. Por su parte, el consumo del Gobierno aumentó un 7,1 % en 2025, superando la dinámica del consumo de los hogares. El escaso crecimiento de la inversión en capital fijo sugiere un rezago en el crecimiento potencial de la economía en detrimento de sectores como vivienda, edificios y estructuras, hidrocarburos y servicios públicos, mientras que sectores más afines al consumo, como comercio, transporte, alojamiento, servicios de comida y entretenimiento, se vieron favorecidos. Un crecimiento más balanceado, menos importador, y más orientado hacia la infraestructura aumentaría el crecimiento potencial de la economía colombiana y su sostenibilidad, y contribuiría a reducir las presiones inflacionarias.

En cuanto al comportamiento de la inflación en 2025, tanto los analistas como el equipo técnico del Banco y los miembros de la Junta Directiva del Banco de la República (JDBR) esperaban que esta continuara su tendencia decreciente observada en 2024, para acercarse a su meta del 3,0 %. Sin embargo, ello no ocurrió. Al cierre de 2025 la inflación total se ubicó en el 5,1 %, solo levemente por debajo de la registrada al finalizar 2024 (5,2 %). De igual forma, la inflación básica, sin alimentos ni regulados, se situó en el 5,0 % al concluir 2025, también muy cerca del nivel registrado a finales de 2024 (5,2 %). Este resultado se registró en el entorno de una demanda interna que mantuvo un alto dinamismo, impulsada, principalmente, por el consumo público y privado, este último estimulado por el aumento del ingreso cafetero, el incremento de las remesas de trabajadores y el crecimiento de la población ocupada, entre otros. Adicionalmente, se presentaron algunas presiones de costos laborales asociadas con el incremento del salario mínimo y la reducción de la jornada laboral. Entre los renglones con mayores incrementos de precios se destacan algunos servicios como arriendos, comidas fuera del hogar y turismo. A lo anterior se sumaron las alzas de algunos alimentos perecederos que cedieron hacia finales de año. Estas presiones fueron parcialmente compensadas por el descenso de la variación anual del IPC de regulados, la cual, sin embargo, se vio afectada por ajustes importantes en las tarifas de transporte, educación y gas, que le impidieron un descenso más pronunciado. En este contexto las expectativas de inflación se ajustaron progresivamente al alza y la postura contractiva que la política monetaria mantuvo en el transcurso del año no logró su propósito de sostener la tendencia decreciente de la inflación que se observó en 2024.

Las expectativas de inflación presentaron un incremento excepcional en enero frente a sus mediciones de diciembre, coincidiendo con el aumento del salario mínimo para 2026 en 23,2 % (incluido el auxilio de transporte). En el caso de los analistas, estas aumentaron en la mediana de la muestra del 4,6 % al 6,4 % para finales de 2026 y del 3,8 % al 4,8 % para finales de 2027. Las expectativas obtenidas a partir de los mercados de deuda también aumentaron, y se ubicaron sobre el 6 % en el horizonte de dos años. Este aumento de las expectativas debilitó la postura restrictiva de la política monetaria, al reducir la tasa de interés real esperada (tasa ex ante1) en la misma magnitud. En estas condiciones, sin alcanzar unanimidad, la mayoría de los miembros de la Junta Directiva del Banco de la República (JDBR) consideraron que era necesario iniciar en enero un ciclo alcista de la tasa de interés de política mediante un incremento de 100 puntos básicos (pb). Consciente de lo exigente que resulta esta medida para el público y los mercados, este grupo de directores opinó que se trató de una decisión indispensable para evitar un desanclaje persistente de la inflación con respecto a la meta, y así preservar la credibilidad de la JDBR en su compromiso con la estabilidad de precios. Sujeta al rezago con el que actúa la política monetaria, la inflación continuó aumentando a inicios de año, para situarse, en el caso de la inflación total, en el 5,35 % y en el 5,29 % en enero y febrero pasados, y para la inflación básica sin alimentos ni regulados en el 5,39 % y 5,51 %, respectivamente. Estos niveles de inflación diferencian a Colombia del resto de países pares de la región por ser la única economía que aún no ha logrado llevar su tasa de inflación al entorno de la meta establecida, luego de los choques inflacionarios ocurridos después de la pandemia.

Reencauzar la economía colombiana por una senda de crecimiento sostenible y una inflación alrededor de su meta es el reto más importante que enfrenta la política macroeconómica en los próximos años. Este es un proceso que exige una coordinación eficaz entre la política monetaria y la política fiscal. A la primera le corresponde no solo ejecutar un manejo de la tasa de interés coherente y oportuno para conducir la inflación hacia su meta, sino también atenuar los ciclos reales, de manera que contribuya a que el crecimiento económico sea lo más sostenible posible. Idealmente, la política fiscal debería también tener un carácter contracíclico que apoye de esta manera el propósito de estabilizar la economía y restablecer la confianza de los mercados.

El escenario económico considerado por el equipo técnico en su Informe de Política Monetaria de enero estimó que la inflación anual aumentaría desde el 5,1 % a finales de 2025 al 6,3 % al final de 2026, y que el crecimiento del PIB sería del 2,6 %, el mismo que se alcanzó en 2025. No obstante, este escenario no contemplaba los efectos del fuerte choque sobre la economía mundial que significa la guerra en Irán, la cual aumentaría los precios del petróleo, del gas natural, y de otros productos básicos, como los fertilizantes. Adicionalmente, podría afectar la magnitud del comercio mundial y la confianza de inversionistas y consumidores. La magnitud de estos efectos sobre la inflación y el crecimiento mundial, y las repercusiones que pueda tener en economías emergentes, como la colombiana, dependerán de la intensidad y duración del conflicto, sobre lo cual aún existe mucha incertidumbre.


Recuadros

Recuadro 1. Potenciales efectos del incremento del salario mínimo sobre la inflación

Recuadro 2. Expectativas de inflación y su evolución reciente

Recuadro 3. Suministro de liquidez por parte del Banco de la República bajo el esquema de inflación objetivo

Recuadro 4. Canasta del comercio exterior de bienes y servicios de Colombia: tendencias recientes

Históricos del Informe de la Junta Directiva al Congreso de la República