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Al final de la travesía, las lágrimas de mi madre

Medios y modos de viaje 1884-02-26 Alcalá de Guadaira, Sevilla, España Tomo XI
Al amanecer entramos en la bahía, donde nos despedimos de los oficiales de a bordo y de los pasajeros que nos habían acompañado. El frío de la estación me había impresionado mucho y me encontraba algo indispuesto, razón por la cual, tan pronto como salté en tierra, resolví descansar sólo algunas horas y trasladarme a Sevilla en el tren de la tarde.
 
Las campiñas de Jerez y de Utrera volvieron a recordarme los bellos días de mi juventud, los campos de Dos-hermanos y de Sevilla, aunque velados ya por la sombra de la noche, ofrecían a mi imaginación todos los detalles, que mis ojos no podían ver, pero que en mi interior adivinaba.
 
Descansé en el hotel aquella noche, y por la mañana encontré a uno de mis hermanos y a varios sobrinos, desconocidos todos para mí, porque los había dejado en la infancia y los encontraba ya hombres, y todos juntos fuimos a sorprender a mi buena madre, y al regazo de la familia, que, aunque sabían mi próxima llegada, ignoraban el día que debiera verificarse.
 
Entre otras cosas llamaron mi atención la vía férrea que hoy pone en contacto inmediato la capital con mi pueblo nativo y los grandes progresos que en él se advierten.
 
Al llegar a mi antiguo hogar y al sentir humedecidas mis mejillas por las lágrimas de mi anciana madre a quien estrechaba contra mi corazón y verme rodeado de mi numerosa familia.... lo que sentí que no hay palabra humana que pueda expresarlo.

Vista de Alcalá. Molino del Algarrobo
Tomo I
Vista de Alcalá. Molino del Algarrobo
1870-01-09
Anónimo
Fotografía sobre papel
11,4 x 16,4 cm

Por lo demás, puedo decir que me encontraba como extranjero en mi propia patria. De mis contemporáneos quedaban ya muy pocos. Sus hijos y sus nietos acudían a visitarme y a algunos de ellos conocí por la fisonomía, que conservaba rasgos característicos de sus progenitores. Las casas y las calles tenían ya diferente aspecto; el traje popular de hombres y mujeres se había transformado y representaba ya otros tipos y otras costumbres; sólo el ambiente perfumado y puro, el olor al tomillo y al cantueso quemados en los hornos de pan, constantemente encendidos, daba a la atmósfera cierto perfume agradable familiar a mi olfato. Al tender la vista sobre una de las colinas que dominan la población hacia el norte veíanse semiveladas por el follaje de los olivos las blancas tapias del cementerio donde reposan las cenizas de mis abuelos y de mi padre, y donde espero que reposarán las mías.
 
¡Bendito sea Dios, que me ha dejado llegar a donde vi la primera luz, después de haber visitado en ambos continentes las portentosas obras que han brotado de su poder y que hacen al hombre amar, creer y esperar, que es su destino sobre la tierra!.
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