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Itinerario por las obras del Canal de Panamá

Trabajo y técnica 1884-01-25 Panamá Tomo XI
Para visitar las obras del Canal, el medio más sencillo es tomar el ferrocarril y detenerse en las estaciones donde son más importantes los trabajos.

Informado de que los principales desmontes se hallaban en un sitio llamado Emperador, y provisto de una carta de recomendación para que una persona establecida en aquel punto y dependiente de la que me recomendaba, me acompañase, salí en el tren de las siete de la mañana en el que iba también un crecido número de pasajeros.

La vía entra inmediatamente en la cuenca del río Chagres, cuyo cauce es por decirlo así la base principal de la excavación y en cuya embocadura trabajan ya las dragas con bastante éxito.

El terreno por donde el ferrocarril de desarrolla está formado por colinas de mediana elevación, cuya superficie está cubierta de una arcilla rojiza con bastante arena. El subsuelo y las rocas subyacentes varían mucho, siendo en algunas partes arcillas compactas blanquecinas o grises y en otras conglomerado arenisco de grano más o menos grueso, hasta llegar en algunas partes a la pudinga, o sea la roca que afecta la forma de una masa en que se hallasen incrustadas muchas almendras.

Trabajos del Canal de Panamá
Tomo XI
Trabajos del Canal de Panamá
1884-01-25
Anónimo
Fotografía sobre papel
16,8 x 25,2 cm

Al llegar a la primera estación, vi entre los pasajeros que allí se quedaban, o mejor dicho me reconoció antes que yo a él, uno de mis amigos de Bogotá, el General Buenaventura Correoso, representante en muchas legislaturas del Estado de Panamá en el Congreso de la Unión y Presidente en varias ocasiones del mismo Estado, que es el de su naturaleza. Apenas tuvimos tiempo para saludarnos y aplazar una entrevista en la ciudad de Panamá, que es su habitual residencia. Después supe que la estación de Gatún, que así se llama la en que él se quedó, está fundada, como la población que allí se improvisa, en terrenos propios de dicho General y de los cuales saca hoy una cuantiosa renta.

La línea férrea, siguiendo la falda de la colina, divide a Gatún en dos partes: a la derecha y por el fondo del valle corre el río tranquila y mansamente, y a su orilla se levanta un pequeño grupo de chozas pajizas humildes y estrechas, de que hace su morada la gente pobre, casi toda de color, que se ocupa en varias faenas agrícolas, en la pesca y en los trabajos del Canal; en la falda de la colina y al lado opuesto, se ven distribuidas por escalones y sobre estacadas, que nivelan el suelo, lindas casitas de madera, en su mayor parte Norte-americanas, que forman un gran contraste con las miserables cabañas del fondo. Estas casitas están habitadas por los empleados de la gran empresa, y en todas ellas se ven las comodidades y el lujo refinado de la civilización, mientras que en las otras se ve por todas partes la escasez, el desamparo y la miseria.

La segunda estación es Lyon Hill, pueblecito pobre, rodeado por todas partes de ciénagas y del bosque primitivo, en el cual se ven algunas rozas con plataneras, yucas y algunos mangos.

Después se halla otra estación llamada Bohío, bellísimo pueblecito incipiente y en lugar ventilado y más sano. A la izquierda de la vía hay un corte vertical en la colina que pone al descubierto la estratificación de conglomerado arenisco.

Llegamos después a la estación de Buenavista, pueblecito pajizo también, cerca del cual se efectúan algunos trabajos en pequeño, pertenecientes a la excavación, donde circulan algunos carros de volquete, sobre carrileras improvisadas, arrojando el material al cauce del río.

Sigue luego la estación de Tabernilla, donde hay algunas casas de madera cubiertas de paja o de lata para albergar a los trabajadores. Allí hay algunos desmontes de mayor extensión en que se cultiva el plátano, la yuca y otras plantas alimenticias, pero en cantidad apenas suficiente para una pequeñísima parte de la población que allí se aglomera. En aquel punto hay también algunos trabajos de excavación, aunque en pequeña escala.

La estación inmediata se llama San Pablo; la mayor parte de sus casas son de buenas proporciones y a la moderna; hay cultivos de mayor extensión sobre un terreno menos ondulado, y los trabajos del Canal tampoco son allí muy importantes.

Trabajos del Canal de Panamá
Tomo XI
Trabajos del Canal de Panamá
1884-01-25
Anónimo
Fotografía sobre papel
18,2 x 25,1 cm

En la estación de El Mamey, que es la que sigue, hay pocas casitas de paja y muchas de madera bien construidas. Al llegar allí, eran las ocho y media de la mañana y nos cruzamos con el tren de Panamá a Colón, compuesto de unos catorce vagones. Allí los trabajos de excavación no tenían tampoco una gran importancia.

De allí seguimos a la estación de Gorgona, donde entre algunas casitas de paja hay muchas al estilo moderno, levantadas sobre explanadas artificiales y sobre estacas o postes de ladrillo para evitar la humedad del suelo y las emanaciones palúdicas. En Gorgona son ya los trabajos del Canal de alguna mayor importancia; pero todavía parecen muy exiguos en proporción de la magnitud de la empresa.

En la estación de Matachín, que es la que sigue, nos cruzamos con un tren de mercancías, y salieron algunas negras a ofrecernos naranjas, plátanos y otras frutas, encontrando muy pocos compradores.

En esta estación y en las de Bajo y Alto Obispo, que son las que siguen, los trabajos son algo más considerables; pero todavía en tal desproporción con la excavación general, que me hacían el efecto de un pequeño hormiguero, queriendo transportar una colina de un lado a otro; llevando los materiales grano a grano de arena.

Llegamos por fin a la estación de Emperador, donde me proponía detenerme algunas horas, por estar allí lo más importante de los trabajos; y en efecto me desmonté en la casa de un joven de color llamado Antonio Maestre, dependiente y socio de la Casa Comercial de Bauer y Bosco de Colón, que a él me había recomendado. El joven Maestre, a quien también conocía desde Bogotá, me recibió con mucho cariño y mandó preparar inmediatamente un opíparo almuerzo.

Por ser él mismo contratista de algunos pequeños trabajos de la obra, me acompañó en mi excursión; vimos en algunas partes perfectamente marcada la anchura del Canal; pero apenas desflorada la superficie del terreno. ¡Cuánto faltaba todavía hasta llegar a la profundidad que por allí debe tener la excavación, para que se comuniquen las aguas de un mar a otro!

En aquel punto hay como unos dos mil trabajadores, cinco excavadoras mecánicas de vapor y sesenta u ochenta carros de volquete arrastrados por tres locomotoras que conducen sin cesar los materiales arrancados a una distancia conveniente. El trabajo aquél es verdaderamente grande, prodigioso si se quiere; pero en comparación de la colina que hay que transportar, volviendo a mi símil, es la hormiga conduciendo el grano de arena.

Las rocas estratificadas que constituyen por decirlo así la osamenta de aquellas colinas y cerros, son principalmente capas de arcilla muy compactada por carbonatos de hierro o arenas cementadas por cal, sílice u óxido de hierro anhidro, cuando no por peróxidos de manganeso.

De la excavación principal tomé tres pequeños trozos de roca de diferente carácter, que procuraré conservar como un recuerdo de mi visita a la obra más importante que hasta hoy ha acometido la humanidad sobre el globo que la sustenta.

La mayor parte de los barrenos para despedazar la roca se abren mecánicamente, empleando en ellos dinamita; y como son tantos se oyen casi constantemente explosiones semejantes al cañoneo de una batalla.

¡Cuánto faltaba todavía hasta llegar a la profundidad que por allí debe tener la excavación, para que se comuniquen las aguas de un mar a otro!
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